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jueves, 20 de enero de 2011

Vivir viviendo, a fin de cuentas

Quiero vivir. A fin de cuentas, es lo que todos queremos.

De todos los que queremos vivir, una buena parte, quizás la mayoría, queremos que nuestra vida sea algo más que un paseito alrededor de la manzana, algo más que esperar pacientemente la llegada el implacable rasero de la muerte, entretenidos con algún pasatiempo. Supongo que somos todos aquellos que buscamos que el vivir tenga un cierto sentido, un porqué o, al menos, un para qué.

Muchos han querido vivir con sentido y han pasado la vida luchando por la gloria, por el recuerdo, por permanecer "para la eternidad" en forma de lápidas de mármol, de inscripciones en piedra, de cuadros, de pirámides, de palabras escritas en las crónicas. Han matado, han invadido, han estado horas bajo los focos, han escrito páginas y páginas, han amasado fortunas. Han empleado su vida en intentar permanecer para siempre, en sobrevivir a la muerte alargando la vida, en guardar su vida por miedo a perderla y desaparecer.

Finalmente, pertenezco a los que no quieren vivir sin más, sino vivir viviendo. Una rara porción de la gente que quiere vivir con sentido, pero que no buscan permanecer para siempre en el imaginario colectivo, ni guardan la vida, sino que la viven. Pertenezco a los que han descubierto que uno está más vivo cuanto más gasta su vida, cuanto más es capaz de dejar huella anónima, cuanto más va muriendo a cada instante.

Quiero gastar mi vida en cada lugar, en cada minuto, con cada persona. Gastar la vida en algo, por algo, para algo. Quiero llegar al final vaciado, desgastado, agotado, molido, comido, disuelto como una aspirina, y completamente feliz, y vivo.

Quiero vivir, que a fin de cuentas, es lo que todos queremos.

lunes, 4 de mayo de 2009

De la fe y lo contrario

Dice el gran Silvio: "Si no creyera... ¿Qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera?" Silvio Rodríguez - La Maza

La música de Silvio sigue haciendo que me cuestione las bases de mi vida más que la de muchos autores cristianos. Y esta canción toca un pilar fundamental: la fe.

Pero ¿Qué es la fé? ¿Qué es creer? ¿Qué pasaría si no creyera?

Creer es sentirse amado. Ni más, ni menos. Como en Silvio, la fe (aunque intuyo que distintas en él y en mí) es el motor que empuja mis acciones.
No puede amar de verdad quien no se siente de verdad amado, y es mi pobre fe la que me permite amar, aunque sea pobremente.

Una cosa compartimos Silvio y yo: si no creyéramos, seríamos como mazas sin cantera, vacíos, inútiles aún más. Si no creyera, yo sería mentira.

¿Y para ti? ¿Qué es creer? ¿Qué cosa fueras si no creyeras?

¡Espero respuestas!

martes, 14 de abril de 2009

Resurrección

Para los que tienen la razón tan extraviada que creen que la muerte no puede nada frente al amor vivo:




Debes amar el tiempo de los intentos,
debes amar la hora que nunca brilla.
Y si no, no pretendas tocar los yertos.
Sólo el amor engendra la maravilla,
sólo el amor consigue encender lo muerto.
Sólo el amor engendra la maravilla,
sólo el amor consigue encender lo muerto.

Debes amar la arcilla que va en tus manos,
debes amar su arena hasta la locura.
Y si no, no la emprendas que será en vano.
Sólo el amor alumbra lo que perdura,
sólo el amor convierte en milagro el barro.
Sólo el amor alumbra lo que perdura,
sólo el amor convierte en milagro el barro.

Sólo el amor. Silvio Rodríguez.


Sólo el amor consigue encender lo muerto. Feliz Pascua de Resurrección.