martes, 2 de marzo de 2010

Salida de pasajeros

Media hora esperando en la salida de pasajeros de un aeropuerto da para mucho:

Puertas correderas automáticas con anuncios. Con muchos anuncios.

Expectación al abrirse la puerta, tornada en aburrimiento cuando las dos hojas se vuelven a unir y vuelta otra vez expectación cada vez que se separan.

Personas que esperan a señores y señoritas trajeados de los que sólo saben su nombre, que aparece impreso en un folio que muestran con esperanza cada vez que se abre la puerta, a la espera de alguien que reconozca sus propios apellidos en el cartel.

Gente con prisa que abandona rápidamente la escena mientras hablan por teléfono.

Trabajadores con acreditación que atraviesan una y otra vez la puerta en sentido contrario, haciéndose los interesantes mientras hablan por su walkie.

Conversaciones intrascendentes entre los que esperan.

Y aquella niña rubia que parecía ajena al cuadro, que se abalanzó sobre su padre cuando lo vio aparecer entre los anuncios, casi tirándolo al suelo, y que me alegró la tarde.

viernes, 19 de febrero de 2010

Historias y personajes autobuseros (IV): los hombres de las bolsas de basura

El autobús estaba casi vacío cuando subí: sólo una chica abrazada a una carpeta, tres señoras casi dormidas y, en los asientos de al lado de la puerta, ellos dos.

Iban juntos pero callados, con las miradas perdidas a través de los cristales borrosos de polvo, y una expresión en sus caras a medio camino entre la derrota de toda una vida y la ilusión descafeinada de un volver a empezar. La expresión de la cara de quien ha vuelto a salir en libertad, después de un tiempo de prisión, otra vez. Una vez más.

El que estaba sentado junto al pasillo agarraba con fuerza la barra roja del autobús, con sus manos plagadas de rudimentarios tatuajes, mientras su colega tamborileaba nervioso con los nudillos en el cristal del autobús. Ambos llevaban entre las piernas una bolsa de basura negra. La bolsa de basura en la que les dieron sus pertenencias al salir de Sevilla I esta mañana. Una bolsa de basura que bien le valdría, piensa, para meterse él, para meter la vida que ha tirado entre los barrotes.

Ahora cumplirían con el ritual de la libertad, ya convertido en rutina: llegar a la casa, beso a la madre sufridora, comida de verdad, ducha, tele... Y mañana despertar otra vez en el mismo barrio, sin nada que hacer, pasando el día con la misma gente, en la misma esquina, hasta volver a cagarla.

Pero quién sabe, quizás esta vez sea para siempre. Quizás no vuelvan a llevar nunca la cartera en una bolsa de basura. Quizás no vuelvan a necesitar sus galones tatuados en los nudillos. Quizás no tengan que volver a coger nunca este autobús.

lunes, 8 de febrero de 2010

Tempus fugit

¿Ves esa agujita metálica
girando a trompicones, despiadada
en tu muñeca, destruyendo a segundos
el tiempo que te queda? Alimentada
con los números de la esfera, resta
un minuto a tu vida cada vuelta.

(Siempre quise saber dónde se va el tiempo cuando pasa)

-A esto me dedico en la biblioteca, en vez de estudiar a Vygotsky y compañía.
-¿A escribir?
-¡No! ¡A mirar el segundero!

lunes, 1 de febrero de 2010

Cuando se apague la luz

Cuando la luz se apague, que no te de miedo, que no te quedes buscando inútilmente otra bocanda de aire.

Cuando se apague la luz, que lleves las pilas de tu linterna cargadas de vida vivida, de amigos y risa, de amores, de madrugadas y de días soleados, de olores antiguos.

Cuando la luz se apague, que lleves tus manos vacías de dar, y tu corazón lleno de nombres grabados, como dijera el poeta.

Cuando se apague la luz, que no pienses que está oscuro, que no pienses que es ausencia, que no pienses que es tragedia, que albergues la esperanza de ver otra vez el sol.

Cuando la luz se apague, que hayas amado.

Cuando se apague la luz, que hayas vivido. Por si acaso.