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domingo, 3 de octubre de 2010

Empezar es lo importante

Empezar es lo importante, empezar.

Empezar sin saber siquiera qué estas haciendo, ni cómo vas a hacerlo, ni quién va a verlo, pero comenzar con la valentía que implica la incertidumbre. Sin tener apenas claro para qué y ni aún por qué.

Da igual si por el principio, por la mitad o por el final mismo, pero empezar ya, por algún sitio, pronto, por donde sea. Sin esperar a tener nada más, a saber nada más, a que venga nadie más, a que pase nada más.

No sabiendo, no viendo, no controlando, no previendo, no tocando, ni aún queriendo.

Empezar es lo importante, empezar. ¿No es acaso eso la fe?

lunes, 8 de febrero de 2010

Tempus fugit

¿Ves esa agujita metálica
girando a trompicones, despiadada
en tu muñeca, destruyendo a segundos
el tiempo que te queda? Alimentada
con los números de la esfera, resta
un minuto a tu vida cada vuelta.

(Siempre quise saber dónde se va el tiempo cuando pasa)

-A esto me dedico en la biblioteca, en vez de estudiar a Vygotsky y compañía.
-¿A escribir?
-¡No! ¡A mirar el segundero!

lunes, 1 de febrero de 2010

Cuando se apague la luz

Cuando la luz se apague, que no te de miedo, que no te quedes buscando inútilmente otra bocanda de aire.

Cuando se apague la luz, que lleves las pilas de tu linterna cargadas de vida vivida, de amigos y risa, de amores, de madrugadas y de días soleados, de olores antiguos.

Cuando la luz se apague, que lleves tus manos vacías de dar, y tu corazón lleno de nombres grabados, como dijera el poeta.

Cuando se apague la luz, que no pienses que está oscuro, que no pienses que es ausencia, que no pienses que es tragedia, que albergues la esperanza de ver otra vez el sol.

Cuando la luz se apague, que hayas amado.

Cuando se apague la luz, que hayas vivido. Por si acaso.

martes, 5 de enero de 2010

Nocturno del insomnio y la niebla

...A veces en la noche yo me revuelvo (...)
y paso largas horas oyendo gemir al huracán,
o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz
de la luna...
Dámaso Alonso. Insomnio

Son las cuatro. De la mañana, por supuesto.

Cuando cae la noche, las calles este barrio del extrarradio se vacían pronto, aún más de lo que lo están de día, y sólo se escucha pasar algún coche solitario. ¿Adónde irá?

Hace unas horas que dejó de llover, y es ahora una densa niebla de enero la que se hace dueña de las aceras, extendiéndose desde muy encima de los bloques de pisos cercanos hasta el asfalto, metiéndose por las alcantarillas y entre las ruedas de los coches aparcados.

Imagino toda la ciudad sucumbiendo ante el empuje imparable de la niebla, que subiendo desde el río habrá invadido ya casi todas las calles. Imagino el gran puente, con esas luces azules para los aviones arriba, emitiendo destellos que parecerán relámpagos difusos. Imagino mi colegio, con aquellas ventanas imposibles de cerrar, que estarán dejando pasar adentro húmedos jirones de esta invasión brumosa. Imagino también las calles del centro, la catedral, los escaparates que miré esta misma tarde, que estarán ahora cubiertos por este confuso manto húmedo.

La siento golpeando los cristales de la ventana, queriendo conquistar el pequeño reducto que es mi habitación, frente a sus dominios desdibujados. Las farolas iluminan de amarillo esta masa densa y asfixiante, dispersando su luz en una aureola fantasmagórica, que cubre mi calle de irrealidad.

Y yo asisto al espectáculo desde mi ventana. Ayer me prometí que a esta hora estaría durmiendo, pero el insomnio ha decidido acompañarme, según parece, durante una temporada. Es mejor disfrutar de este tiempo en vela que desesperarse viendo cambiar los dígitos de la hora en el despertador e intentando en vano mantener los ojos cerrados y no pensar en nada (qué tontería).

Me gustas, en el fondo, insomnio. Buenas noches.

lunes, 28 de diciembre de 2009

No-palabras


Sentado frente al ordenador. Obcecado. Torpe. Distraido. Contrariado.

-¡Escribe! ¡Escribe ya!

Y no sale nada. Y no hay manera. Aporreo el teclado escribiendo cuatro o cinco ideas inconexas, que juzgo tan ridículas que las borro antes de abochornarme al volver a leerlas. Yo y esta maldita autoexigencia que sólo aparece cuando escribo.

-¡Vamos, venga! Hay mil temas para escribir. Una noticia. Un video. Un poema. Un pensamiento. ¡Algo!

No, no es el problema la idea sino las palabras. Las malditas benditas palabras. Amigas traicioneras palabras. Hoy esquivas y mañana entrometidas. "Humaredas escritas, neblinas estampadas", que cantara Alberti.

-Escribe entonces estas palabras de frustración que se amontonan en tu cabeza. Escribe sobre tu no escribir. Escribe sobre tu no inspiración, sobre tus no-palabras.

Eso haré. Escribiré un no-homenaje a las palabras no-encontradas hoy. Esto es. Va por ellas.

Un poco raro esto, ¿no?

jueves, 26 de noviembre de 2009

Hoy

Hoy, ayer, fue mañana.
Hoy puede ser un gran día.
Hoy será el mejor día de la vida de alguien.
Hoy es una fecha que quedará grabada en anillos.

Hoy mismo es ahora.

Hoy es una fecha que quedará grabada en lápidas.
Hoy será el peor día de la vida de alguien.
Hoy puede ser un mal día.
Hoy, mañana, será ayer.

sábado, 20 de junio de 2009

Me han dormido (ya) con todos los cuentos.

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.

Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre... ha inventado todos los cuentos.

Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos.

León Felipe